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  • crisjournals

Tres días en Berlín

Actualizado: 10 de mar de 2019


Berlín es una de esas ciudades europeas que quería visitar desde hacía mucho tiempo pero que -por unas cosas o por otras- siempre quedaba relegada en la lista de viajes pendientes. Muchas personas me habían dicho que la capital alemana en invierno era fría, gris y un tanto deprimente, pero que al mismo tiempo me encantaría. Y vaya si lo ha hecho.


Tuvimos la suerte de alojarnos en un hotel muy bien situado -al lado de la estación de tren de Charlottenburg-, con conexión directa con el aeropuerto y a tan sólo unos 10 minutos del centro y de los sitios más míticos, como Alexanderplatz o Berliner Dom, la imponente catedral de la ciudad.



En Alexanderplatz está la famosa torre de la televisión local, Fernsehturm, a la que se puede subir por unos 17€. Para tener una panorámica de la ciudad nosotros preferimos subir al Panoramapunkt, una terraza de aspecto neoyorkino situada en la última planta del edificio Kollhoff, en Potsdamer Platz. Llegamos a ella en el que es el ascensor más rápido de Europa, a un precio mucho más asequible -7€- y allí pudimos disfrutar de unas vistas excepcionales.



En Postdamer Platz cogimos el metro para acercarnos al East Side Gallery, una de las zonas más fotografiadas de Berlín, donde se conserva la parte más larga del muro que separaba la ciudad y donde se encuentran los murales y grafitis que habrás visto en Instagram cientos de veces. Hacer una foto en la que no aparecieran turistas a la pared donde el artista Dmitrij Vrubel pintó el famoso beso entre Leonid Brezhnev y Erich Honecker fue una de las cosas más difíciles del viaje.



Para el siguiente día dejamos la parte más histórica de la ciudad, que recorrimos de la mano de un Free Tour -¡gracias, Emiliano!- con el que aprendimos muchas cosas, de esas que no salen en los libros de historia. Por ejemplo, que aunque parezca mentira, el Monumento a los Judíos asesinados en Europa -todo un laberinto de bloques de hormigón para recordar el Holocausto- fue construido, en parte, por una empresa vinculada al nazismo en los años 40.



También que fue en la Bebelplatz donde los nazis quemaron la mayoría de libros en aquella fatídica noche de 1933 -de ahí su simbólica librería vacía bajo el suelo- que en Checkpoint Charlie estuvo a punto de desencadenarse la III Guerra Mundial por un malentendido o que muy cerca de allí murió Peter Fletcher, un chico de 18 años que intentó cruzar el Muro de Berlín en 1962 y que tras ser disparado, cayó en territorio neutral y se desangró durante horas ante la mirada de los guardias.




Moverse en Berlín es realmente fácil. Aunque la ciudad es enorme, el bono de transporte diario (7€) permite coger tren, metro, tranvía y autobús todas las veces que se desee -nunca esperando más de 4 o 5 minutos en el andén, ¡puntualidad alemana!-. Eso nos permitió desplazarnos super rápido y terminar el día lejos de nuestro hotel, al norte del río, en un puestecito llamado Curry 61 que me habían recomendado para probar el currywurst, -salchichas, curry y ketchup- toda una explosión de sabor por menos de 3€.



Después de todo el día dando vueltas por la ciudad aún nos quedaba uno de los highlights del viaje. Quienes me conocen bien saben lo especial que Linkin Park siempre ha sido para mí, así que poder ver a Mike Shinoda en directo en el Columbiahalle, una sala super chula a las afueras de Berlín, fue maravilloso. Allí también pudimos comprobar de primera mano cómo de educados son los alemanes: ni un solo empujón, ni un pisotón, ni un solo reproche durante tres horas de concierto, que se pasaron volando. ¿Os imagináis algo así aquí?



La última parada de nuestro viaje fue, por su puesto, la Puerta de Branderburgo. Rodeada de las embajadas de los países aliados durante la Segunda Guerra Mundial y coronada por una cuadriga que Napoleón se quiso llevar a Francia, es el símbolo más famoso de la reunificación alemana y un monumento mucho más bonito e imponente de lo que pudiera parecer a través de las fotos.



Y sí, nos llovió, hizo mucho frío y no vimos los rayos del sol -¿se nota que en todas las fotos el cielo está igual de plomizo?- pero no cambiaría nada de este viaje. Hay algo muy reconfortante en visitar una ciudad en invierno, abrigado con guantes y gorro, mientras te tomas un café calentito con amigos y te pierdes por las calles y monumentos, que, en estas fechas, no están nada concurridos. Además, si en la escapada incluyes el concierto de uno de tus artistas favoritos de todos los tiempos, la experiencia se vuelve inolvidable.


Berlín está llena de historia, tiene un aire industrial y un ambiente de lo más moderno, y creo que se ha convertido rápidamente en una de mis nuevas ciudades favoritas. No he aprendido nada de alemán en estos tres días, pero sé lo suficiente para decir lo más importante: danke schön Berlín! Volveremos.


#berlin #viajes